sabato, dicembre 09, 2006

Alto, permiteme sentir


Alto, permiteme sentir



Desde que fuimos concebidos en el vientre materno, tenemos ya la capacidad de sentir, las células, poco a poco se reproducen, aumentan su tamaño y nos van creando un rostro, una personalidad; depende de cada individuo moldearla para subsistir en la tan deplorable sociedad en la que nos desenvolvemos. El reconocimiento a nuestro esfuerzo, a nuestras creaciones, son el alimento para el espíritu que nos impulsa a seguir adelante, sembrando amistades y cosechando hermandades en las que sin demeritar la autoestima de cada individuo, compartimos sonrisas y lágrimas, el que seamos comparados con cerdos, no se si sea lo correcto o en qué sentido haya sido expuesto, puesto que nosotros, los seres humanos, desde hace miles de años somos bípedos. Si la comparación viene como ofensa, creo que quien ha convivido con animales y se dice abiertamente defensor de los derechos de dichos seres vivos, está de alguna manera ofendiendo a sus defendidos, comparar a los cerdos con los que “prostituimos” a la literatura, como en alguna ocasión se expresó, es lamentable, ya que en México, existe la libertad de expresión y también la libertad de crítica, pero a lo que no estamos dispuestos es a tolerar la destrucción, con críticas mordaces, estamos a favor del libre derecho a expresión y de las críticas constructivas.
Quizá el término “Prostituir a la literatura”, “prostituir a las letras” deje a la primera impresión molestia y enfado, si tomamos en cuenta que nosotros lo hacemos como forma de comunicación de nuestros sentimientos, dejando a nuestro libre albedrío volar, ¿es justo que se nos tache de mediocres sentimentalistas? sólo porque lo hacemos más por compartir nuestro sentir y no por el cobro a la satisfacción de los lectores engrandecidos por la soberbia súper letrada? En verdad no se vale, prefiero seguir revolcándome en las inmundicias de la cursilería que proclamarme abiertamente una ignorante de los verdaderos sentimientos o como dice Oscar Romero, escribiendo las sandeces de su corazón.
La arrogancia sin par duele tanto como la ausencia así como también duelen los insultos al sabernos con falta de malicia para la expresión escrita, quizá la sencillez sea un pecado, y de ser así, también el engrandecer a otros sin merecerlo.
En esta vida, el agradecimiento llena de más satisfacciones que las sátiras que envenenan a la comunidad.
De la mayoría de los miembros de CITLA, no buscamos ser como Sor Juana, o Jaime Sabines, tampoco buscamos premios a nivel nacional y ni hablar de los internacionales.

Citla, es una comunidad como su mismo lema lo dice de almas sensibles, la mayoría no nos dedicamos profesionalmente a escribir, lo hacemos por hobbie o por la necesidad de comunicar lo que encierra el vesánico corazón. Quizá somos simplistas, ignorantes y hasta mediocres en cuestión literaria, pero recordemos que, Roma, NO se edificó en un día, y que Cervantes o Margaret MItchel, no nacieron sabiendo leer y escribir, “sabia virtud de conocer el tiempo” diría Renato Leduc, que como los buenos vinos, la técnica se perfecciona con el tiempo, y no forzando con descalabros reglamentados en la inteligencia de algunos.
El leer los comentarios vertidos a algunos de mis compañeros y amigos, me ha dado pauta a confesarme plena y absolutamente proxeneta de las buenamanerias literarias o tan solo soy una persona común y corriente con muchos defectos y una que otra virtud y me molesta el hecho de sentirme o que hagan sentir a los demás como pecadores musulmanes que a base de pedradas públicas expían el gran pecado de sentir y no acatar la frialdad de las “reglas”.

Si caigo en un error al expresar este sentir mío y que comparten algunos más, acataré las medidas que se tomen en mi contra, quizá sea esta mi gran virtud, el de exponer la mejilla por mi prójimo sin reparar en las consecuencias que esto me atraiga.




1 commento:

DD ha detto...

Bueno, el tan comentado ¡ ALTO PERMITEME SENTIR !